"La historia está cambiando..."
No olvidemos a quienes olvidan

El aseo es uno de los momentos que más trabajo exige al cuidador y es fundamental para prevenir la aparición de enfermedades e infecciones, pero también para mantener la dignidad del paciente cuando éste ya ha perdido la capacidad de hacerlo por sí solo. Este artículo reúne unos consejos para el cuidador a la hora de encarar esta tarea.

¿Qué características debe tener el baño?

Uno de los objetivos a la hora del aseo de los pacientes con Alzheimer es evitar las caídas, y para ello es aconsejable sustituir la bañera por un plato de ducha. Si no fuera posible, es importante ayudar al enfermo en la entrada y salida de la bañera, ya que debido a su movilidad reducida podrían sufrir un accidente. En cualquier caso, podemos utilizar alfombrillas antideslizantes y asideras para entrar y salir, y ayudarnos de una banqueta durante el baño. En las farmacias comunitarias, aunque no tengan una sección específica, se puede pedir asesoramiento para ver cuál es el dispositivo a utilizar que mejor se adapte a las características del paciente y del baño en el que se van a utilizar. Además, la puerta del baño no debe tener un pestillo para evitar que el enfermo se encierre dentro.

Muchos pacientes padecen insomnio, por lo que es habitual que se levanten por la noche al baño. Para evitar caídas podemos dejar una luz encendida, tanto en la habitación como en el cuarto de baño, que les sirva de referencia.

Preparación del aseo

Es importante mantener las rutinas en pacientes con Alzheimer y, en la medida de lo posible, respetar aquellas que ya tuviera. Es decir, si el paciente se aseaba por la mañana antes de ser dependiente, se debería seguir realizando el aseo a primera hora, siempre que sea posible para el cuidador.

A la hora de preparar la ducha o baño es aconsejable dejar fuera solamente los productos que vayamos a necesitar e intentar reducir su número al máximo posible (un jabón, un champú para el pelo, etc.). El resto de productos de baño deben guardarse en armarios bajo llave o inaccesibles para el paciente. El uso de geles con pH 5,5 es lo más adecuado, así como esponjas suaves o naturales y champús que no provoquen irritación ocular. Desde la farmacia comunitaria nos pueden aconsejar qué productos de higiene son los más adecuados para las características del paciente y de la enfermedad.

Y por último, tanto si vamos a llenar la bañera como si vamos a usar una ducha, el agua debe estar a una temperatura adecuada para evitar quemaduras (menos de 37ºC). Es aconsejable que el cuidador pruebe esta agua antes de proceder al baño del paciente.

Aseo personal de una persona con Alzheimer

El momento de aseo puede ser una oportunidad para reforzar la autonomía del paciente, en los casos que sea posible. Teniendo esto en cuenta, debemos dejar que el paciente realice las tareas de las que sea capaz y ayudarle en aquellas que no pueda hacer. Por ejemplo, podemos dejarle la esponja preparada con jabón y pedirle que se enjabone él mismo, y después ayudarle a lavar las partes a las que no llega o no ve, como por ejemplo la espalda o las nalgas.

Durante el baño, el cuidador puede aprovechar para realizar una revisión del estado físico del paciente, buscando irritaciones en la piel, rojeces, heridas, etc. Se debe prestar especial atención a la zona genital, no solo durante el baño, sino también cada vez que se utiliza el WC o al cambiar el pañal, asegurándonos que la zona está seca y limpia para evitar infecciones y hongos.

También es importante la higiene de manos y dejar que sean ellos mismos los que se laven, pero asegurándonos de que están limpias cuando acaben. Las uñas no deben dejarse largas y han de cortarse en cuadrado y limarse para evitar encarnaciones, tanto en las manos como en los pies.

En cuanto al pelo, es mejor mantenerlo corto, ya que facilita la higiene y el secado. Hay que tener en cuenta que los ruidos afectan de manera especial a estos pacientes, así que evitaremos en la medida de lo posible el uso del secador. Se puede recurrir a toallas a modo de turbante para proceder al secado del pelo sin tener que recurrir al secador.

Cuidado personal después del baño

Una vez acabado el baño, aquellos pacientes que sean capaces deben secarse solos. Es importante que todas las partes queden bien secas y que se utilicen toallas de algodón para realizar este secado.

La sequedad de la piel es un problema muy frecuente en personas de edad avanzada, por lo que después del baño debemos centrarnos en la hidratación, usando una crema hidratante adecuada. De nuevo, el profesional farmacéutico es un recurso muy valioso a la hora de aconsejarnos qué tipo de crema usar.

Además de la sequedad de la piel, la sequedad bucal también es muy prevalente en estos pacientes, no solo porque los mayores suelen reducir la ingesta de líquidos (incluso algunos tienen problemas de deglución) y producen menos saliva, sino también porque muchos de ellos toman además fármacos que reducen la secreción. El cacao labial o la vaselina pueden evitar que se resequen los labios, y la saliva artificial evita que se reseque el interior de la boca. En las farmacias se pueden encontrar geles con saliva artificial que pueden reducir este problema.

A menudo, en los pacientes con enfermedad más avanzada se van a acumular secreciones secas en la boca, que podemos eliminar con una gasa enrollada en una cuchara de plástico.

Finalmente, a la hora de vestir al paciente escogeremos siempre ropa cómoda para quitar y poner (velcros, sin botones), medias o calcetines que no aprieten y sean suaves, y zapatos cómodos, sin cordones y adecuados a la actividad física del enfermo.

Consejos para el cuidador

  • Crear una rutina basada en hábitos de higiene previos del paciente.
  • Preparar el baño antes de llevar al paciente.
  • Dejar que el paciente se asee por sí mismo y ayudarle cuando no pueda.
  • No dejarle nunca solo.
  • Hablar con calma y no utilizar lenguaje complejo o frases largas, manteniendo el contacto visual.

Fuente: knowalzheimer.com